Retrospectiva: Jeanne Moreau

Ciclo especial Febrero 2018 organizado por la Cinemateca de Cuba con el apoyo de la Embajada de Francia en Cuba

JEANNE MOREAU

JPEG

«La más grande intérprete del mundo» por Luciano Castillo, director de la Cinemateca de Cuba

Bastaría quizás esa definición de Orson Welles —quien la dirigió en tres largometrajes y un cuarto que dejó inconcluso—, para intentar calificar a esa actriz francesa que desapareció físicamente a los 89 años de edad el 31 de julio del 2017. Siempre soñé con poder entrevistarla para un libro sobre su labor en Diario de una camarera con Luis Buñuel, a quien llamaba «su papá español». Esa única oportunidad en que la tuvo delante de la cámara fue suficiente para que la considerara la mejor actriz con quien trabajó. También me ilusionó en un momento una declaración de Humberto Solás de que preparaba un guion, Dejà vu, para ser protagonizado por ella y nada menos que en Cienfuegos. El proyecto, como tantos otros, no trascendió. En los últimos años no cesé de insistir a los organizadores del Festival de Cine Francés con el fin de que la invitaran a viajar a La Habana, pero ya su edad era cada vez más avanzada. Incluso acudí al cineasta y dramaturgo Eduardo Manet, amigo suyo, para que la embullara con la posibilidad de venir. Él nunca olvidó aquel viaje de Niza a París en que a su lado ella le leyó en voz alta Viaje a Italia de Stendhal mientras la aeromoza les servía champagne. «Su gentileza era tan fuerte como su talento», me escribió.

Cuando leí la noticia no por esperada menos dolorosa por más que lo deseaba me resultó imposible redactar ningún artículo sobre alguien que tanto admiro (me resisto a hablar en pasado). Por ese motivo, de todo lo publicado en ese momento, selecciono para presentar este homenaje que le rinde la Cinemateca de Cuba con 37 de sus películas, esta hermosísima crónica: «Jeanne Moreau, indómita», debida a Pedro Almodóvar, que seguramente se quedó con las ganas de concebir un personaje expresamente para ella y que reproduzco a continuación:

«En la presentación del 50 aniversario del Festival de Cannes, Jeanne Moreau aparecía en el escenario vestida con un traje de clown de lentejuelas diseñado por John Galliano, un traje difícil de llevar, pero que Jeanne, con su inmensa personalidad, conseguía multiplicar su efecto. Era la encargada de leer una larga lista de nombres, títulos y fechas (las de las treinta Palmas de Oro vivas y allí presentes). Un trabajo árido para una actriz. Jeanne consiguió que aquel texto, compuesto exclusivamente por nombres, apellidos, títulos y fechas sonara como uno de los monólogos más emocionantes que yo haya contemplado sobre un escenario. Éste es uno de tantos recuerdos de Jeanne Moreau que nunca olvidaré.

Con Jeanne Moreau desaparece el epítome de la autonomía femenina en la segunda mitad del siglo XX. Moreau dejó su impronta original y profunda en todo lo que hizo: cine, teatro, canción. Y en su propia vida. No solo tuvo un impresionante primer y segundo acto, que se prolongó desde final de los años cuarenta hasta los ochenta. En el tercer acto de su existencia, el más difícil, no perdió un ápice de su olfato, su independencia, su talento y su carisma.

Fue amante y compañera de los mejores directores de varias generaciones. Los trató de igual a igual, por feroces que fueran (Orson Welles, Luis Buñuel) y ellos la adoraban. La Nouvelle vague pierde a la mujer que interpretó a Jules et Jim, Los amantes y Ascensor para el cadalso. Yo la descubrí en un cine de Cáceres en Moderato Cantabile (Peter Brook) y La noche (Antonioni) y desde entonces estuve obsesionado con ella, con su voz, su misterio, su modo de caminar, sus ojos, su boca, su forma de hablar, de cantar y de callar. Era una actriz superdotada para dar verosimilitud y hondura a todo lo que hacía, pero poseía además algo inasible y misterioso, imposible de definir porque era absolutamente personal.

Como con Chavela Vargas lo mío con Jeanne Moreau fue amor a primera vista. Las dos eran viscerales e inteligentes. E indómitas. Cuando Chavela cantó en el Olympia de París, Jeanne Moreau estaba sentada a mi lado. Yo trataba de traducirle alguna de las letras de las canciones. Al tercer intento me dijo: “No hace falta, Pedro. La entiendo perfectamente". Y no hablaba una palabra de español.

Un día como hoy es difícil huir de la épica, pero me gustaría evocar tres momentos cotidianos que me siguen emocionando de Jeanne Moreau por su sencillez. En una interesante y divertida entrevista de Marguerite Duras, a propósito de la génesis de Nathalie Granger, la directora explica que eligió a Jeanne porque era la mujer que mejor recogía las migas de la mesa después de una comida (si vuelven a ver la película, fíjense en la escena junto a Lucía Bosé). Es una declaración bastante cómica, pero para mí fue muy reveladora. Duras quería decir que Jeanne estaba también dotada para llevar a cabo las acciones más simples con absoluta naturalidad y gracia.

Hace unos quince años quedé con ella en el bar del Hotel George V. Cuando Jeanne apareció en la puerta, el avispado pianista empezó a tocar Le tourbillon de la vie mientras ella me divisaba a lo lejos y venía hacia mí sonriendo. Yo me puse de pie, y nos abrazamos. Para mí fue un momento de máxima felicidad. Hoy lo recuerdo como un hito en mi vida. Otro gesto de Jeanne: fue en el funeral de su gran amigo Louis Malle. Lo vi en la televisión. Las imágenes mostraban a multitud de amigos célebres que se acercaban a despedir o a acompañar el coche fúnebre. No lo recuerdo con exactitud. Lo que sí recuerdo son las coronas de flores. Había muchas, con largas dedicatorias en sus bandas. Me llamó la atención una corona en cuya banda solo habían escritas dos palabras explícitas y sencillas: De Jeanne. Solo esto.

Un día como hoy no quiero pensar que Jeanne Moreau no está aquí. Prefiero seguir viéndola con su disfraz de rufián (gorra de cuadros, bigote, jersey y pantalón de vagabundo), echándose una carrera con Jules y Jim a ver quién llega antes al final de un puente que parece un túnel. Jeanne corre hacia cámara desbordante de alegría, les está ganando la carrera a los dos hombres que ama. Su risa, su felicidad, ya son eternas».

Luciano Castillo

Cines

JPEG

CINE 23 Y 12
Jueves 1 6:00pm Julieta
Viernes 2 6:00pm Los Intrigantes
Sábado 3 5:00pm La Reina Margot
8:00pm Gas-oil
Domingo 4 5:00pm Tres Días para Vivir
8:00pm Los Amantes
Miércoles 7 6:00pm Las Relaciones Peligrosas
Miércoles 14 6:00pm Jovanka, Cinco Mujeres Marcadas
Jueves 15 6:00pm Diálogo de Carmelitas
Viernes 16 6:00pm Moderato Cantabile
Sábado 17 5:00pm La Noche
8:00pm Eva
Domingo 18 5:00pm El Proceso
8:00pm La Bahía De Los Angeles
Miércoles 6:00pm El Fuego Fatuo
Jueves 22 6:00pm Piel de Plátano
Viernes 23 6:00pm Los Vencedores
Sábado 24 5:00pm El Diario de una Camarera
8:00pm El Tren
Domingo 25 5:00pm El Rolls-Royce Amarillo
8:00pm Mata Hari
Miércoles 28 6:00pm ¡Viva María!

JPEG

SALA CHARLOT CINE CHAPLIN
Martes 13 2:30pm Campanadas a Medianoche
5:00pm Mademoiselle
Miércoles 14 2:30pm El Oficio más Viejo del Mundo
5:00pm El Marinero de Gibraltar
Jueves 15 2:30pm La Novia Vestia de Negro
5:00pm Una Historia Inmortal
Viernes 16 2:30pm Monte Walsh
5:00pm Nathalie Granger
Sábado 17 2:30pm Los Valseadores
5:00pm Raza de "Señores"
Domingo 18 2:30pm El Ultimo Magnate
5:00pm La Trucha
Martes 20 2:30pm El Paltoquet
5:00pm Nikita
Miércoles 21 2:30pm Una Dama en París
5:00pm Monte Walsh

JPEG

Programa completo y sinopsis

PDF - 84 KB
Programa Retrospectiva Jeanne Moreau
pdf 84ko © ICAIC, Cinemateca de Cuba (PDF - 84 KB)

Dernière modification : 31/01/2018

Haut de page