Ier seminario de bioética franco cubano

El Ier Seminario de bioética franco cubano tuvo lugar en La Habana entre el 28 y el 30 de noviembre de 2016 con el apoyo de la Embajada de Francia y de la Alianza francesa.

Realizamos en esta ocasión un encuentro con Nils Graber, doctorando en el EHESS al origen de este evento, y con Anne-Marie Moulin, Presidenta del comité consultativo de deontología y de ética del Instituto de investigación sobre el desarrollo (IRD).

Encuentre aquí esta entrevista:

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¿Podría recordarnos el origen del seminario de bioética organizado conjuntamente entre el IRD, el Comité nacional cubano de bioética (CNCB) y el Instituto nacional de oncología y de radiobiología (INOR) que acaba de desarrollarse en La Habana?

Nils Graber: El seminario tiene dos orígenes. Primero, este proyecto se inserta en el marco de mi tésis sobre el desarrollo de las biotecnologías en Cuba, particularmente en el campo de la cancerología. Luego, fue el encuentro con el presidente del Comité de bioética cubano, el Prof. Daniel Piedra Herrera, que desembocó en la organización de la primera mesa redonda en el 2014, con la participación de Anne-Marie Moulin quien se encuentra a mi lado, de Simone Bateman, socióloga en el CNRS, y de Christian Byk, miembro del Comité de bioética de la UNESCO. El tema de esta primera mesa redonda fue la bioética y más ampliamente los desafíos en la interfaz entre ciencias y sociedades en Cuba. Esta experiencia se repitió al año siguiente en colaboración con el Comité de ética del INSERM con una participación más amplia de científicos, en especial de Marie-Louise Michel del Instituto Pasteur y de Florent de Vathaire del INSERM, que colaboran desde hace varios años con los cubanos. También estuvo presente Blandine Destremau que trabaja sobre la cuestión del envejecimiento poblacional y sobre las políticas sociales en Cuba.

De estas dos mesas redondas surgió la idea de un evento similar en Cuba, más cerca de los investigadores cubanos y de sus prácticas. Gracias al apoyo de la embajada, a mis contactos en Cuba y a mi integración en el Instituto Nacional de Oncología y de Radiobiología, obtuvimos las autorizaciones necesarias para realizar este proyecto. Más tarde recibimos el apoyo de la Alianza Francesa que también participó poniendo a disposición sus locales, y un apoyo del IRD, del INSERM y del Instituto Pasteur.

¿Podría decirnos algunas palabras sobre el seminario que acaba de concluir?

N.G: El seminario se desarrolló en condiciones muy difíciles ya que las fechas coincidieron con el duelo nacional por la muerte de Fidel Castro, pero afortunadamente las seis mesas redondas del programa se pudieron realizar. La primera abordó los desafíos del desarrollo de las vacunas y la segunda los desafíos éticos relacionados más específicamente con la genética y la genómica. En Cuba, la genómica aún no está muy desarrollada. El Estado cubano ha invertido en otros campos, por ejemplo para el cáncer más bien en la inmunoterapia que en la genómica: existe un desfase entre la investigación cubana y la investigación internacional y a sus efectos modas.

La tercera sesión abordó los desafíos éticos de la investigación clínica en Cuba, donde un porcentaje elevado de pacientes recibe medicamentos experimentales producidos localmente, lo que plantea problemas de consentimiento, en términos de riesgos, de vigilancia y de seguridad. El intercambio también abordó la experiencia del Comité de ética del INOR, que difiere de la de los comités de ética en Europa.

Este juega un papel mucho más amplio, principalmente en la formación universitaria mientras que los comités en Francia se dedican sobre todo a la evaluación de los protocolos de ensayos clínicos. Luego la Prof. Hélène Sancho-Garnier, quien colaboró durante muchos años con el INOR abordó una cuestión importante para Cuba, que suscitó un rico debate, el de la ética del diagnóstico precoz. En el país, el acceso al diagnóstico conoce a menudo retrasos importantes que hacen que los pacientes lleguen a un estado de cáncer muy avanzado. Existe un desequilibrio entre prevención y organización de los tratamientos, esta última prevalece en los programas de diagnóstico precoz.

Durante esta misma mesa redonda, también escuchamos una presentación sobre la regulación de los medicamentos biosimilares. Ese aspecto muy específico en Cuba se refiere a la producción de anticuerpos monoclonales y de algunas vacunas. Estos productos no son patentables, son copias de productos existentes en el mercado, pero se distinguen de los genéricos ya que no se contentan con la similitud química, es necesario, como lo exigen las normas internacionales, demostrar la equivalencia de los productos biológicos desde el punto de vista de la eficacia, lo que requiere repetir los ensayos clínicos, que son muy costosos. Cuba adoptó una posición intermediaria al aplicar solo algunos ensayos clínicos...

Durante la cuarta sesión, se abordó la evaluación de los medicamentos llamados “en población real”. Frente a las dificultades para realizar ensayos clínicos de fase III, los cubanos se concentran en la evaluación estricta y rigurosa del comportamiento de los medicamentos en población general. Luego hubo una presentación de ensayos clínicos en los policlínicos, con un aspecto también muy específico en Cuba; se desarrollan ensayos clínicos fuera de los hospitales de oncología, con intervención de médicos de familia y de enfermeros de salud primaria.

La quinta mesa redonda dedicada a la farmacoeconomía generó numerosas preguntas. La participante cubana propuso conceptos de economía de la salud que parecían importados directamente de la Escuela de Londres. Algunos calificaron esos conceptos de “neoliberales” y se preguntaron sobre las deficiencias del sistema de salud y sus consecuencias en el acceso a la atención médica. Por último, se habló de la trasferencia de tecnologías, y de la cooperación de la industria de Biotech cubana con otros países del Sur, con una presentación muy interesante sobre la transferencia de tecnologías hacia China como la producción de anticuerpos monoclonales, que provocó un debate interesante, principalmente sobre la dimensión social de esta transferencia de tecnología hacia China.

Anne-Marie Moulin, ¿Cuáles son sus impresiones sobre los intercambios que acaba de mencionar Nils Graber con los investigadores cubanos?

A-M. M.: El IRD, el Instituto de Investigación para el Desarrollo, está en primer lugar interesado en todo lo que sucede en un país del Sur como Cuba, cuyos indicadores de salud pública se sitúan cerca de los de Canadá. Muchos investigadores franceses trabajan actualmente en el IRD en colaboración con investigadores cubanos en antropología, epidemiología y nutrición pero las relaciones científicas están llamadas a desarrollarse, en muchos otros campos a explorar de conjunto. Este coloquio también fue la ocasión de recapitular décadas de intercambios a pesar del embargo, que han permitido establecer relaciones duraderas, en epidemiología de los cancers con Hélène Sancho-Garnier (INSERM) y en virología con Marie-Louise Michel (Instituto Pasteur). La dirección del IRD entró en contacto con las autoridades cubanas, con vistas a desarrollar investigaciones conjuntas.

En mi intervención, recordé que la bioética es dominada por un modelo estadounidense con una tendencia continua al crecimiento de los códigos, de los estatutos y de los procedimientos. Cuando un investigador quiere colaborar a través de las fronteras entre dos países, debe pasar ante el Comité de ética de cada país y aplicar los dispositivos previstos por los códigos internacionales. Pero esos códigos fueron confeccionados con un segundo plano ideológico particular. En Cuba, que adhiere oficialmente a los dispositivos internacionales desde mediados de los años 90, existen problemas concretos. Aplicar los principios de bioética en la investigación clínica en un país como Cuba donde el acceso a la salud es gratuito, no solo a las medicinas tradicionales locales sino también a las medicinas de punta, difiere considerablemente de lo que ocurre en un sistema a la americana donde el acceso a los medicamentos está lejos de ser universal. Fue apasionante escuchar a los cubanos hablar del funcionamiento de la bioética en su país, de sus prácticas de la investigación médica clínica, del desarrollo de sus biotecnologías, de su aplicación y de su venta o su transferencia fuera del país de origen. Se analizaron todas estas cuestiones.

¿Cómo imaginan ustedes la continuación de este primer seminario de bioética?

N.G.: Tengo dos deseos para la continuación de este seminario. Por una parte, continuar los intercambios sobre la bioética, continuar el diálogo entre científicos y médicos franceses y cubanos llevándolos a identificar sus dilemas éticos de investigadores. Esto necesita la participación de los especialistas de las ciencias sociales ya que algunos científicos a veces no ven las cuestiones éticas planteadas por su trabajo, y por su parte los filósofos y un pensamiento ético pueden no percibir bien los problemas concretos. Creo que logramos este equilibrio en el marco del coloquio. Varios participantes cubanos expresaron haber visto pocas veces un intercambio en bioética de este tipo. En general, Cuba intenta sobre todo identificar la norma internacional y ver cómo hacer para ponerla en práctica. La bioética en Cuba puede entonces resumirse a una transferencia de normas del exterior hacia Cuba para demostrar que lo que se hace en Cuba se parece a lo que se hace en el exterior.

Mi segundo deseo se relaciona con la implicación de las ciencias sociales en la reflexión bioética. Actualmente, las interacciones entre las ciencias humanas y sociales y las ciencias médicas y de la salud son muy débiles en Cuba, lo que impide comprender las cuestiones éticas en la realización concreta de una investigación y/o en las prácticas de asistencia médica.

A-M. M.: Lo esencial de lo que fue bien mostrado por nuestro seminario, es que las buenas prácticas clínicas no consisten solamente en la aplicación de un conjunto de reglas abstractas sino que requieren un análisis socio-antropológico profundo, para ver lo que es posible, lo que falta etc. Desde un punto de vista comparativo, el ejemplo cubano obliga a descentrarse con relación a lo que se sabe de los ensayos clínicos realizados en el exterior. Para el IRD, es un resultado importante: ¿cómo a partir del ejemplo cubano, podemos reflexionar sobre las diferencias que existen en la aplicación de los principios de la ética?

Estamos en un contexto que se llama la globalización. Esto puede querer decir que todo el mundo va a adoptar un solo modelo pero también puede querer decir lo contrario, a saber que si el Globo integra a la totalidad de los países, el punto de vista de cada país debe ser considerado en la aplicación de las normas. Es un verdadero desafío para Cuba cuya posición es verdaderamente original. Este país históricamente atrapado entre los grandes puede sugerir alternativas, otra manera de ver las cosas.

Dicho de otra manera ¿Cuba podría convertirse en un modelo?

A-M. M.: Digamos que la experiencia cubana abre indiscutiblemente nuevas pistas en la reflexión y en la práctica bioética. Es necesario entonces continuar la colaboración entre los equipos franco-cubanos, incluyendo la mayor cantidad posible de estudiantes que son los investigadores de mañana. Ellos no estuvieron muy presentes durante este seminario. Es un aspecto a tomar en cuenta para la organización de un evento similar en el futuro.

Dernière modification : 20/02/2017

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